Mientras el guerrero subía las escaleras de aquel palacio, las espinas de las rosas se clavaban en sus pies ensoñeciendo sus pasos.
-"¿qué buscas en este lugar?"- decían las corbatas mostrando su arrogancia indolente.
-"¿que hay que merece la pena tu sacrificio?"- decían las mallas de colores con heridas desgarradas tras sus colores.
Se le nublaba la vista a nuestro guerrero mientras su latido se intensificaba y corría hacia la luz del fondo.
Poco antes de cruzar la puerta que le libraría de todos los comentarios de las prendas que le entorpecían, se giró y dijo solo una palabra:
-"desnudez"-
martes, 17 de noviembre de 2009
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